Mirando asombrado me fijo
en la mayor felonía que daña.
El ara negra del humano sacrificio
tersa como el velo de un espejo
donde día a día padres e hijos
sangran y se desangran,
por los crueles filos de cuchillos
de las desesperanzas amargas.
Ved como el templo, hábil acuña,
la moneda que en tus deseos
tan cuidadosamente estampa.
Hambre que alimentará tus ansias.
(Lo verás muy bien desde la luna
columpiándote en su hamaca)

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