Mi tiempo era contigo una dulzura
que hacía en mi interior
una hermosa ilusión.
Mensajes tiernos llenos de pasión
con tanta devoción
que nuestros labios suaves se juntaron.
En tanto que de ti yo más quería
pasar las horas juntos ese día,
yo te propuse un juego:
tratábase de signos arbitrarios
y hacer mil comentarios
en frases que nacían de los símbolos
que tejen la elocuencia.
Mas yo, con inocencia,
en ansias de buscarte una sonrisa,
corrí tanto de prisa
con mi humor tan torpe y aniñado…
El juego dulce terminó quebrado.
Tú, que habitas el mar del intelecto,
viste mi chiste como un grave daño;
mutó tu tierno trato en desengaño
y juzgaste mi ser como imperfecto,
El chiste que te encendió en el drama.
me hizo hallar de ti, mi bella dama,
solo desdén, desdicha y la desgana.
Y entonces tu semblante
como aquel claro lienzo,
ante tu juicio que mi fe pudría,
pintaba con sus rojos
esos fuertes enojos,
haciendo de mis ojos
brotar el flébil tono de las lágrimas.
Con palabras tan duras
encendidas cual flama,
hablaste de la muerte y del espanto,
de rejas, de violencia y de castigo;
y yo, que solo quise estar contigo,
quedé cubierto en el dolor del llanto.
Pedí perdón por mi torpeza vana,
por no entender tu nota tan profunda,
mas tu furia me halló con desencanto
llamándome basura soberana.
No me mires con rabia que confunda,
haciendo que mi corazón se hunda,
ni dejes que este amor muera en el manto
de una noche tan fría y tan rotunda.
Dijiste con desvío,
te me desapareces en el frío,
que el peso de la muerte
acabará mi suerte,
llevándola a prisión por su locura,
donde la noche es dura
y la sombra del daño te acompaña.
¡Qué dolor tan profundo me desgarra!
El amor que se vuelve una guitarra
entona con reproche
vistiéndose de noche
y es de ponzoña el broche
de una tragedia que ninguno quiere,
y con tu voz que hiere
me llamaste cual punto que en la nada
reduciendo mi esencia en tal figura,
qué mutación tan fría y descarnada…
Parezco ser vacío en su absoluto,
un átomo perdido
consciente del olvido
flotando en este mundo tan inmenso,
solitario e indefenso.
Mientras el aire en mi ansiedad se escapa,
mi pecho se comprime
y caigo en la inclemencia
de un ataque de pánico y de quejas,
al imaginarte entre rejas
mi pecho solo grita,
al ver esa carita
que con mi esencia entera tanto adoro
y en el que ahora añoro.
Me duele la desgana de tu boca,
que con tu dulce voz
que es una hermosa hoz
que con la pereza que te evoca
buscar un nuevo amor,
dices que conmigo solo te quedas
y así me das la opción
aunque cause dolor
el decidir si irme o si quedarme
y el pecho desgarrarme
trayendo así el invierno
de tu desdén en mi alma
y ya no siento calma.
Brindaste por mi crisis con tu copa
para borrar la evidencia luego
como el que busca disipar el fuego.