¡Oh, poetas de efímera pasión!
Miedo me da que se os acaben los temas:
que enmudezcan las piedras, que las fuentes
ya no os arrullen, que decline el sol
sin daros tiempo a hacerle una metáfora,
que las bragas aquellas que…
cuelguen ahora de otro tendedero.
Miedo me da que se os acaben los temas
y cual hienas hambrientas en medio de un desierto
revolváis vuestros rostros sonriendo
al espejismo tentador de hincar
el diente a la tierna carne del alma.
Miedo me da que se os acaben los temas
y os expongáis al peligro de la búsqueda
como niños gateando a los pies de los caballos
o ancianos que extraviaron sus lentes
en la entrada principal de El Corte Inglés.
Miedo me da que se os acaben los temas
y os enfrentéis al riesgo que la gloria os impone
—jamás la poesía os pondría tal prueba—
sin más armas que papel y lápiz
—y si me apuráis un libro de rimas—
sin comprender el verdadero peligro:
y es que las almas, queridos almados,
¡ay! que las almas las carga el Diablo.
(c) Joan Kunz