De piedra

Repetidamente dime:
¿En qué tiempo te amo?
Aborrecerte porque no queda un después de este atardecer
calcar tus manías cuando quisiera soñar,
saltar de la cama de lado de la visceral agonía
cuando estoy y talvez no estás.

Y puede que la ingenuidad
pesque y derrita de melancolía alguna tarde de abril
para esperarnos en la insensatez de tus ojos,
en un cielo claro y en más de una destrucción,
para que te acuerdes de mí
mientras se cae el castillo y el sol,
cuando se encuentren sin paraje
tus secretos de frente a los míos
mínimamente…
sin vínculos.

Volverás a mí -
por lontananza,
como dos buenos amigos,
como antagónica neblina,
como el mejor viajante de comedias
despertado entre consecuencias y destajos
disolviendo siempre
sus trapos mojados
a dios de un destino,
lágrimas y sangre de lo realmente importante,
al amor de un pretexto,
a las huellas del camino,
porque nadie cambia,
envolviéndonos hacia el filo del abismo
porque cambia nadie

nada cambia
día interesante para merecer el dolor
tácticas para no ahogarnos y trivialidades
inocencias de polvo,
cuidarnos sin apoderarnos,
perder el control
porque me apetece la resina de tu cuerpo,
tu lengua en el oído
una estrella de lujuria en la distancia
con el significado de tus manos
y la salvación del infinito.

Imaginarnos depende de tentarnos
con la podredumbre de este mundo revuelto,
bajo el altruismo que alberga otro vuelco de Universo
y esa imagen fallida de las cosas
con el niño caprichoso en los adentros,

actuamos mal por bellas razones
me sorprende todavía tanto tu sonrisa
la hernia acerada de opuestos sentimientos
la realeza,
la paz
y un rato contigo
una chance para quien se arrastra o se escabulle
el bonus de un último recuerdo para antes de morir
sobre este campo de refugiados de sordera.
Y la nulidad arrogante de existir.

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Estupendo final para un poema potente y duro. Buen poema, amigo

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