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Ayer me entregué a la pupila verde del día
al oro y a la cosecha,
a los terrones de azúcar y nubes y al soneto del tiempo,
a los granos…
pero cuando el agua se levanta sola
en tremendas columnas
eres tú a quién veo;
para mí eres tú quien reparte las estrellas
a la noche en su basto territorio.
veo la matriz de la rosa
el ángulo perfecto de la ruina y del manantial,
pero si de pronto,
miro la piedra rota tu cuerpo responde
y mis dedos reconocen ya tu aliento y se estremecen,
así tu caliente dulzura
en un anillo rodeado de esquelas
paso entre los hombres porque ya me reconoces,
entre la piedra y la pólvora
no hay iguales;
¿eres a quién he perdido entre la nieve?
voy al límite contra tu límite.
Ayer, se saciaron las reservas del placer
y se vio poblar un océano entero con tu saliva
y cuando todos lo vieron
salió mi rostro como sedienta paloma
a reclamar eso que es mío
eso que es tuyo
eso que se mira y nos mira.
y cuando viene el miedo y el sueño
extasiado
a dominar todo: plazas, raíces, escuelas
y se extiende, de pronto, por lo que pienso
hay un gran viento blanco
que se planta entre el muro y yo
y de él solo hojas y cuchillos afilados
y me protegen
y cuidan.
No hay soledad más valiente que la tuya
en definitivo,
cada herida nueva tiene ahora la forma de tu boca.