¿A cuántas voces ha llegado la poesía?
No digo: a cuántas miradas de lector,
si es que algo ha llegado a ser leído,
sino: a cuántas palabras construidas
en el patio interior de los videntes.
A cuántos verbos propios,
a cuántos sustantivos impropios,
a cuántos adjetivos crueles y generosos,
a cuántos gestos indecentes y pueriles,
a cuánto dulce amanecer de un mañana
que se cocina en las madrugadas.
A cuántas, no sé.
Por aquí pasó,
por allá se va.
No es río que visita,
ni nube que a su paso se desborda.
La palabra que se sabe poesía,
es una luz latente de insatisfacción,
una esfera mágica de sueños,
un gesto de generosa ignorancia,
una epifanía envuelta en miedos,
una bocanada de vida ausente,
un ínfimo roce de la divinidad.
y un poema que espera nacer,
si acaso lo quieres tú.
