Cuento nocturno (dodecasílabo, consonantes abrazadas)

Dulce pequeñita grande es el problema,
negarte no puedo tu cuento nocturno,
si tú te imaginas planeta Saturno,
te pido imagines mi humilde poema…
Al mar le emociona la dama que rema,
no sabe su nombre, mas dice que es noble,
que viene a su boda, que busca a su doble:
del oro que impera tendrá su diadema.

El rey hace ruidos detrás de su muro:
él ronca en su mente, ni quien lo despierte.
La dama en pasitos, ya nadie la advierte,
se acerca al cerrojo, da un golpe tan duro…
que el rey dando un salto se siente inseguro;
empuña su espada, detrás de la puerta;
y dice en un canto: «atentos, alerta»
y todos al punto sopesan futuro.

−Te vengo a buscar −le dice la dama−,
ordena a tu sierva que traiga la llave,
crucé tu muralla con alas de un ave,
tu hermano me indujo, pues mucho él te ama:
es noble y excelso, lo colmo de fama;
tan buen alcahuete, él siempre lo quiso:
que tú darme un beso, es hoy lo preciso.
Ya dile a tu sierva que en puerta alguien llama.

−No sé ni quien eres −el rey le contesta−,
el sueño me robas, mejor ve a dormir,
¿o acaso apeteces sentencia a morir?:
tan tarde en la calle mujer no hay honesta…
−Oh loco insensato −contesta molesta−,
si tú me despides, peligra tu reino
pues fruto no has dado, maduro ni tierno;
y yo con mis dones prometo una fiesta.

Un hijo no tengo, el rey meditaba,
quizás esta dama me de un heredero.

−¿Qué esperas mi esclava?, que entre, la espero;
y en acto seguido la dama pasaba…
El rey al mirarla sintió que la amaba;
felices se rieron, la noche pasaron;
y al sol renovado sin más se casaron.
Y mira mi niña, la historia no acaba.

Un niño tuvieron, la sierva lo educa,
y enérgico el tío, su dicha protege…
¿preguntas su nombre?, no hay quien lo enreje:
igual que el monarca, el nombre no ocupa…
¿la sierva? ¿La dama, también te preocupa…
de nuevo el pequeño? Curiosa princesa
son muchas preguntas, ¡oh niña traviesa!,
empeño acertado ¡me exiges con lupa!:

Al cielo suplico conceda el buen tino…
por ser voluntad, la sierva se apresta;
por ser providencia la dama contesta;
y el tierno chiquillo se llama destino.

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me ha encantado este verso. Tienes un gran sentido del ritmo clásico. No es nada fácil expresarse así

Gracias compañero, saludos cordiales