Un cielo deprimido, rendido, denso, estéril,
corroído por sueños y promesas baldías,
despierta la curiosidad
de una ciudad oprimida
que sobrevive entre barrotes teñidos de hollín.
Una realidad desgastada, cargada de pecados,
deambula por calles borrosas
sembradas de escombros de un mundo burlado.
Sin espacio para la esperanza,
la posibilidad de un nuevo comienzo
se vuelve un desafío yermo,
un círculo vicioso que se cierra sobre sí mismo.
La lucha por la libertad perdida
choca contra un muro de nubes
cuyo gris intenso invita al silencio
y difumina el horizonte.
Un cielo deprimido
despierta la curiosidad
de una ciudad mustia,
habitada por desheredados,
desencantados, débiles y olvidados por el tiempo.
Lo que debió traer esperanza
se convierte en un vacío claustrofóbico,
una sombra perpetua
que se arrastra por las calles
y respira derrota.
Un poemazo en tono condenatorio como sentencia de lo vencido por la fuerza y no por el tiempo. La metáfora suele ser peligrosa para describir realidades complejas y a la vez es muy eficiente para mostrar los componentes de esa realidad compleja de un modo simple: « La lucha por la libertad perdida choca contra un muro de nubes» puede ser un ejemplo de lo que digo. Aplausos @Fernando ¡Un gran poema!
¡Muchas gracias por tus palabras! Me alegra mucho que el poema te haya gustado y que hayas conectado con esa sensación de la “ciudad vencida, asfixiante y alienante”.
Me alegra muchísimo que las palabras sobre cómo el cielo gris hace ciudad y vida en la melancolía hayan resonado contigo. Es precisamente en esos matices donde, a veces, reside la belleza más genuina.
La vida sobrevive a esa densidad grisácea a la que nos exponemos a diario en las ciudades, cada uno sobrevive como puede para no dejarse vencer por la melancolía. Excelentes versos. Saludos cordiales.