Fui diapasón de la vida y en la acústica de mi pecho resonaron todos los cantos.
Presté lágrimas a las nubes y fui cuerda vocal de la garganta terrestre en sus melodías salvajes.
La baqueta del sol tamborileaba su luz sobre el ritmo de mis días.
Cierto, hubo ideas desafinadas, dolores ajenos, vibratos que reventaron cuerdas.
Teclas afónicas en mi piano derrotado por silencios furtivos.
Pero no hubo nota que pasara sin arrancarle un arpegio a la sangre.
Fui pájaro, árbol, roca, abismo, encrucijada en caminos, cumbre, presencia y nada.
Naturaleza fui.
Fui ilusión, mano, hombro, beso, tedio, oído, palabra, quebranto, anhelo, alegría.
Felicidad y dolor fui.
Me esforcé tanto hasta dejar de ser yo,
hasta llegar al punto en que todo,
fui yo.
