Tus
lágrimas
no miden la distancia del quebranto, sin embargo
deambulan cristalinas por las mejillas.
Y
Aunque vagan inquietas
como el alma y como el viento entre los sones del silencio,
respiras profundo, mientras zurces
sentires.
O vidas.
En ese intervalo de florecimiento de ausencias, abres la mirada
para que renazcan los brotes sensitivos, ante
tanta adultez.
Y
ante
el tiempo de lunas ahuecadas, y
soles dormidos.
Por
eso presientes
que el otoño habita entero en las entrañas.
O
que
bosqueja el aliento,
para que se enraíce al crepúsculo de tu costumbre.