Cien años de ti

Y que ya no soy el mismo, y que somos diferentes.
Y que ya no soy aquel que te miraba desde lejos
pensando que jamás podría tener tu boca.
Que ahora te imagino en mis sueños;
que te transportas hacia mí grácil,
como el vuelo de una hoja de otoño;
como un abanico en las manos del aire.
Y me abrazas entre tus manos, y me dices
que todo ha cambiado; que nada es lo mismo.

Aunque sigo esperando al día que la tarde baje;
que el sol se eche unas copas en el recuerdo
de la luna, que ya se ha cansado de estar ahí
mientras ella vagabunda por el cielo;
se iba a otras órbitas.
Varado entre margaritas, con la mirada en el horizonte
y las manos atadas a un tronco, como aquel hombre
que murió entre las hormigas.

Solo me falta la cola de cerdo.
Porque ya llevo dentro de mí
los cien años de soledad.
Parece que alguien llegó para romper la leyenda,
para enseñarme que por mucho que nos cuenten
las historias están para cambiarlas.

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Sí, las historias están para cambiarlas…
Muy hermoso, Javier! Saludos!

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Claro que sí compañero, las historias están para cambiarlas. Me ha gustado mucho tu prosa detalladas descripciones que crean un clima agradable. Gracias por compartir!.

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Me encantó! Si y para volverlas a cambiar!

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Mmmmm…
Precioso… :clap::clap:

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En efecto… solo hay que encontrar un motor que nos permita hacerlo. ¡Gracias, María! Un saludo

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¡Muchas gracias por tus palabras!

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¡Gracias! Y sí, están para cambiarlas, hasta que volvemos a ser uno mismo… aunque no el mismo de antes

¡Muchas gracias!

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ojalá ese alguien que ha llegado a transformar tu historia de los cien años de soledad, haga de tu Macondo un lugar lleno de azules y amarillos y de ríos que bañen las praderas de tu alma!

genial poema !