Carmilla

Las riberas del Duero recorría
desdichado y constante el pensamiento;
¡qué alegre y firme ayer…! Hoy, escarmiento.
El llanto, el llanto… El llanto le caía.

«¡Ay, Carmilla, Carmilla!» me decía…
Por un lado ella, al otro mi lamento;
mi «¿dónde está Carmilla?» hería el viento,
y el eco, traicionero, repetía.

Una lamia, una diosa me miró;
«la tristeza, angustiosa, siempre calla,
y en todo lo que calla es verdadera».

Mi bien callaba, ¡pero aquella habló…!
Miré, no era Carmilla. Odié la playa,
volví los ojos, y al llorar se fuera.

5 Me gusta