Canto XIII

Sigo aquí, extraviado,
en este desierto
de dureza vertical,
extenso,
inmenso,
concavado
como la eternidad
donde se desterró el tiempo,
donde duerme el silencio,
donde la luz se esconde
en cada pliegue.
No hay muros,
no hay puertas,
no hay fosos,
pero, aun así,
sigo perdido,
ciego de tanto vacío
en este laberinto rígido

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