Caminé bajo las rosas
cultivadas y mimadas por la vida,
parecían sublimes mariposas,
cantos de humanidad y poesía.
A través de sus tallos podían hablar,
“habladme del amor como un deseo
que nunca se emprende por azar
y jamás a nadie hizo prisionero”.
Pero un buen día el verde
de sus hojas dejó de brillar,
¡cuán tristes fueron aquellos días
sin pétalos que contar¡
Miré plácidamente al cielo
y éste sólo me respondió:
unos nacen, otros mueren
¿qué puedo decirte yo?
Aprendí a andar por la vida
sin sentir el corazón,
si es que el tiempo nos olvida,
quizá nos recuerde Dios.
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Buenos versos llenos de esa mirada emocionada
Buen día
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Muy hermoso!!
Felicidades
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Estos versos tienen una sensibilidad muy especial; logras capturar esa transición agridulce entre la belleza efímera de la naturaleza y la aceptación estoica de la vida.
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Muy dulce y belllo.
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Muchas gracias!
Un abrazo a todos
Hermoso y profundo poema. Es verdad, los hombres nacimos y morimos y quizás se nos recuerde o no.
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