Buenas noches, mi general

BUENAS NOCHES, MI GENERAL.
(Julio de 2014, cuatro niños fueron abatidos por un misil israelí en una playa de Gaza mientras jugaban al fútbol.)

Nosotros diremos,
—dijeron, dijo el general–,
las balas llegaron primero.
Si no fuera cierto, no lo diríamos,
es una orden, debéis procesar bien esto
,las balas primero, y todos asintieron;
después de un silencio los niños muertos
desde una nube blanca como lluvia de nieve
tomaron por asalto las olas de fuego,
eso es lo que diremos.

¿Pero quién puede volar más rápido que una bala?
Es absurdo pensar que un niño
que no es un águila de ojos negros,
ni siquiera un menudo gorrión
se desprenda de una nube para morir sin consuelo.
Sus padres, sus tíos, sus abuelos,
bramó babeando el orondo general,
(en realidad es su manera de hablar),
los alimentan de odio contra nuestros soldados,
peligrosos terroristas armados de cohetes
que destrozan nuestros jardines
que antes de ayer les robamos.

Hay arena que sangra,
a borbotones, mi general,
¿cómo explicaremos tamaña adversidad?,
dijeron que dijo el capitán.
Buena pregunta, convinieron
el teniente y el brigada director
de la banda de música de la Unidad.
Todos los ojos buscaron en vano
al autor de los disparos,
al soldado percutor del pistolón de arena,
de la máquina que escupe fuego,
que no distingue entre David y Goliat.

Tendrá que firmar, digo yo,
que disparó hacia la nada,
hacia el azul intenso de los cielos ,
si preciso fuera, hacia su espalda,
que dio el alto a los muertos
después de matar a los que murieron,
apuntó con cierto orgullo el sargento chusquero.

¿Pero dónde se encuentra?,
el orondo, baboso e irascible general tiene prisa,
le esperan para comer su delicada esposa,
su hija, su yerno, y sus siete nietas rubias.
No puede firmar, mi general.
“Los menudos terroristas, —afirmó en pleno delirio—,
jugaban al fútbol cuando me ordenaron disparar.
Costó trabajo abatirles, eran más chicos que un huevo.”
Sedado para que descanse,
camisa de fuerza, atado a la cama,
recluido en un psiquiátrico de alta seguridad.

¡Pero qué contrariedad!,
mi familia me espera,
habrá de ser ya para la cena,
gimoteaba ahora el general babosón.
Pues que corra el escalafón,
con voz aguardentosa ordenó el capitán,
que firme el sargento
en nombre del soldado
que despreciando su vida
abatió a los terroristas disfrazados de niños
y por ello habrá de ser condecorado.

Y al fin…,
satisfechos por el deber cumplido,
la conciencia a buen recaudo,
la patria fuera de peligro,
las buenas gentes orando,
los niñitos rubitos a su quehaceres diarios,
babosos y menesterosos,
a paso ligero, marcharon a cenar.

Buenas noches, mi general,

a los niños de Gaza que nunca volverán a sentir el ardiente sol de Palestina sobre sus espaldas,
diego tejedor, 2021.

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:clap::clap::clap::clap: Unos versos cargados de emoción contenida…Saludos