Bitácora de in Alma rota

Mi cuerpo explotó como una supernova. Sentí que mi yo ausente de mí colisionaba contra la realidad; mis ojos, inundados de lágrimas, buscaron en el viejo espejo de mi cuarto un reflejo que ya no existía. La mujer que me miraba desde el cristal no era yo. Su sonrisa perfecta era un disfraz, mientras mis labios heridos intentaban silenciar un grito que nacía desde mis entrañas.
La vergüenza me envolvió como un manto oscuro. Había sido traicionada por quien debía protegerme. El odio, vengativo, me empujó a lanzar mi puño contra el espejo. El cristal se quebró en mil pedazos, cayendo como estrellas muertas sobre mis pies descalzos. Me desplomé junto a ellos, y en ese instante mi corazón se rompió también, sangrando por dentro como mi mano herida.
Cada fragmento de vidrio empezó a mostrarme escenas de mi vida.
El primero me devolvió a la niña solitaria que prefería la compañía de los árboles y los pájaros, inventando mundos invisibles en su cabeza. Era feliz, hasta que una voz la arrancaba de su universo y la obligaba a jugar con muñecas.
Otro cristal me mostró a la adolescente de cabello rebelde, que escribía en sus diarios la música de su despertar y se enamoraba en secreto, descubriendo la belleza de sentirse viva.
Un tercer fragmento me devolvió a la joven que intentaba encajar, atada a las cadenas heredadas de abuelas y madres, raíces de un destino marcado por una sociedad que la llamaba “mujer” y la quería sumisa. El dolor me atravesaba como fuego. Con manos temblorosas intenté reparar el espejo, pegando cada pieza como quien cose una herida imposible. Pero faltaba una: la escondí, porque en ella vivía la felicidad.

Día tras día, el reflejo falso me miraba desde el espejo reconstruido. Yo me vestía como todos querían, apagando el brillo de mis ojos café. Nada podía reparar lo roto dentro de mí. Mi alma lloraba entre escombros, y en la desesperación buscaba sentir mi piel verdadera, rasgando la máscara con el filo de aquel cristal escondido. El amor no duele, me repetía. El ego es quien hiere, quien quiebra alas en nombre de afectos falsos. Y cuando toqué el fondo de la oscuridad más negra, mi alma rota gritó como un trueno, despertándome hacia una pequeña luz en la superficie.

Volví al espejo. Ella, la sombra, me miró asustada. Yo le sonreí. Quité los cristales manchados de sangre, desvanecí la imagen falsa, y tomé el fragmento escondido y lo clavé en mi pecho otra vez pero aún mas profundo donde debía estar. Dolió como mil infiernos, pero allí se impregnó la felicidad, haciendo de mi alma un fénix que renacía entre cenizas.

Al fin era yo…no necesitaba mirarme solo sentirme.Mi piel, mis sueños, mis cicatrices. La niña me sonrió desde dentro, abrazada a esa Alma mía vestida de resiliencia, y con un suspiro que quebró mis entrañas, me susurró:

“Gracias por devolverme a la vida.”

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Yo también conozco ese viejo espejo. Yo también escondí el cristal de la felicidad porque me dio miedo que me lo rompieran otra vez.
Leer tu supernova me hizo explotar por dentro.
Me arrodillé con tu niña, sangré con tu mano, renací con tu fénix.
Gracias por no quedarte en los escombros.
Gracias por recordarme que no necesito mirarme: solo sentirme.
Tu alma vestida de resiliencia abrazó a la mía.

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La felicidad es esta… que mis letras lleguen y se sientan…que se encuentren en ella otras Alma y las hagan suyas…aún cuando duelan en mi Pluma…gracias por leerme así…y si…siempre ser ese ave Fénix…nunca es tarde para sentirse…mil gracias a Usted.
Atentamente:

© ༻ℭ𝔬𝔩𝔦𝔟𝔯𝔦༺

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