Ella, lleva una larga silueta de espirales
en el lecho de sus paréntesis.
Son hojas de tristeza que se abren en una orquídea
manchada de ayeres, cómo viejos licores
en las alas de una de parábola…
Ella, dulce ave interior que posa su corazón
en la temperatura de un océano espeso.
Me acosté en su pecho, viví en su eco…
Y todo silencio inmaculado
volvió hacerse latidos en las campanas.