Atracción Fatal

En la atracción, todo es banal hasta que aparece la persona adecuada.

Puede atraerte un cuerpo, un rostro, unos ojos, unas manos… pero todo eso pertenece al territorio del deseo físico, al aprecio sexual que, aunque intenso, es efímero.

Sin embargo, cuando lo que te atrae es una mente, entonces hablamos de una atracción fatal.
Fatal no por destructiva, sino por inevitable.
Por el pensamiento, el razonamiento, la forma de hablar, de argumentar… por esa capacidad de mover el alma sin tocar la piel.

Esa fatalidad se convierte en una sexualidad suicida: te descubres atento a cada gesto, cada movimiento de sus manos, cada mirada, cada sonrisa.
Te obsesionas con cada palabra y deseas besarla, rozarla, sentirla.
Cada vez que esos labios se mueven, despiertan en ti los deseos más impuros y los pensamientos más sublimes.

En un mundo completamente superficial, este poeta callejero busca incansablemente hacer el amor con una mente: aquella capaz de perturbar la esencia misma de su humanidad.
El físico es algo mundano si no viene acompañado de una capacidad intelectual digna de los dioses en su templo terrenal.

Y te digo, lector: si esa atracción es correspondida, el sexo deja de ser mero entretenimiento.
Se convierte en una discusión perpetua entre cuerpo y mente, una pugna por decidir cuál de los dos domina.
Y cuando ambos se rinden, sobreviene una sensación de desvanecimiento mental: el clímax alcanza el cenit de lo psicológico, lo verbal, lo emocional y lo físico.

Esa atracción fatal es la más pura de las atracciones, y también la más traicionera.

Si no es correspondida, se transforma en veneno: contamina futuras conexiones intelectuales, reduciéndolas a simples placeres físicos.
Porque, en el fondo, tu mente sigue haciendo el amor con aquella otra mente que un día creíste fatalmente tuya, pero ya no lo es.

La atracción fatal es la más pura conjunción de sexo, amor y pensamiento.
Allí, donde dos cuerpos y dos mentes se funden en una sola, el ser humano alcanza el punto más cercano a Dios que jamás conocerá.

Este poeta vivió esa atracción fatal: la sintió, la adoró y fue, finalmente, envenenado por ella.

¿Para siempre?

O quizá solo hasta que aparezca otra mente que le conceda, por fin, un final feliz.

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Cruda realidad la que vuestros versos portan, querido poeta. Alejado de la mentira social basada en frivolidad, consigue usted saciar al lector con una prosa medida.
Tenga un gran día y nunca deje de reflexionar de la forma en que lo hace.
Una vez más, gracias por estas líneas.

Muchísimas gracias!! Que tengas un excelente día igual!! Un abrazo!

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