Atardecer sobre un bosque de italos

Al borde del éneo atardecer que ahora muere
ondean como tules pliegues
el crisol de unas nubes amarillentas
con su corona de haces en la gloria traspuesta
ocultando así el apolíneo rostro para no lastimarnos los ojos
arde en rosicler mortuorio y vírgico
un almácigo grupo de pinos atribularios
despaciosos, con sus ramas agrestes
en la brocolaria hermosura de un bosque de italos de lo más antiguo
como los desnaturalizados cipreses
que puntillean ya de hermosos
en sus plomizos verdistinados tonos de aloes
azulidinizando apenas con sus vahos de grecarias auroras
de partículas pixeladas
la sempiterna tapia medio derruida
cual Troya incólume
que aún limita el enmohecido camposanto.
Casi puedo ver las oblicuas lápidas de antiguas eras
sedientas de la trastocada memoria
se le ha ido olvidando de a poco esa lengua gaélica
entuertecida
en cadena de runas
de algún ciclo arturiano.-

Chane García.
@ChaneGarcia.

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