Apuntes de una tarde

Ayer tarde, vi a un gordo
que no se avergonzaba.

Arrellanado en su sillón,
como en un trono,
lucía su volumen con prestancia.

Y en el atardecer de la ciudad
el reflejo de un rojizo sol,
lucía en las ventanas altas.

Pero abajo, en la calle al rigodón,
como día de lluvias en abril,
una sombra triste caminaba.


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