Se coló sin permiso entre mis ojos
los llenó de burbujas fascinantes,
dibujó con su cuerpo el verbo amar
y tiñó mis mejillas de colores,
para luego escribir algunos versos
en la brasa encendida de mi boca.
Y caí prisionero de su boca,
de los cielos celestes de sus ojos.
Anidaron los sueños en mis versos
donde el mundo son luces fascinantes
donde habitan la luz y los colores
y entendí de una vez lo que es amar:
“A veces confundí querer y amar
a veces preferí cerrar la boca
tragando bocanadas de colores
borrando la hora punta de mis ojos
sin sentir las caricias fascinantes
saltando libremente por mis versos.
Tuve miedo a olvidarme de mis versos
¡tropecé tantas veces al amar!
no sentí los abrazos fascinantes
y las letras se ahogaron en mi boca.
Confundí con los míos otros ojos
que llenaron de sombras mis colores.
Se rompieron mis noches de colores
me dormí acurrucada entre los versos.
Llorando se secaron estos ojos
y juré nunca más volver a amar
cerrando y recosiéndome la boca
olvidé los momentos fascinantes.”
Pero al fin, sus palabras fascinantes
pintaron de dulzura mis colores
mi boca se perdió entre su boca
volvieron a mis dedos nuevos versos
rimando cada letra con amar,
cambiando mis latidos por sus ojos.
Y así, con esos ojos fascinantes
aprendí que al amar se ven colores
en los versos pintados por mi boca.
Águeda Molina 2026
