Apocalipsis

La esperada fe,
habiendo muerto en secreto,
ella, la que da sentido a las ideas,
se recompone, vive más que un cadáver.

En su viaje como lenguaje oculto
construye flores de fuego
que abrasan el cielo, las manos vacilantes
y el espíritu del quizás.

Me adentro sin rozarla en su cuerpo,
con limpia conciencia,
masacradas imágenes de su carne,
a través del vociferante aullido de las plegarias,
cada vez más estridente es el vacío,
reverberación cerrada, estancada, flotando
en la cueva de su luz sellada.

No se multiplica ni se divide,
insonorizada válvula de escape,
ah, volátil olimpo de fieles.

Fugaz, como el agua,
ah, dónde
-En qué. Cómo abrir sus transparencias.-,
ah, quién.

Debacle, cuando muta en alma,
cuanto menos vale más atrae a -¿Quién?¿Hacia qué?-,
cuanto más muerta, más la desenterramos.

No me hables de fe, háblame de intenciones
en este apocalipsis.

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