Sensible
al canto del bosque
vigía en su exceso,
un viento turquesa
ondulante
abre desmesura en los ojos
y caen las horas
llorando otoños.
Las pupilas de la tierra
dilatan el cielo
mientras
latente noche,
sangra ocaso
en los claros del tiempo...
despertando el anillo
en su geometría
de vuelo;
así colorea
las ramas el viento.
Añoso dibujo del alma
grabado en las manos
del bosque
y los dedos de un sueño.
Pero qué preciosidad de poema!! Me quedé prendada de esas bellas y delicadas imágenes…de un lirismo puro.
Me encanta leerte, Victoria! Abrazo fuerte, querida poeta.
Apertura que regalas a tu inspiración para que en su vuelo pinte de colores a tus versos y despierte al alma de su sueño. ¡Hermoso y romántico tu poema, Victoria!
¡Abrazos cariñosos!