¡Aparecieron los culpables!

¡Aparecieron los culpables de la matanza del mar encarnado!

Bajaron del cielo rojo cabalgando en una calabaza roja y

fue tan evidente el crimen cometido,

que hasta la misma historia que cómplice fue, los acusó.

El hombre pequeño, era tan pequeño,

que nadie pensó que su fuerza pudiera

destapar tormentas.

La tormenta creada por ese pequeño hombre,

quien fue un tiempo invisible a los frutos del monte ,

despertó de siglos de ultraje y desprecio.

Ese hombre pequeño

después de la tormenta

se hizo mortal,

y su sangre intoxicada cayó de sus venas agitadas

arrinconando a sus verdugos

quienes vilmente los alimentaron por siglos

con la limosna del desprecio y la indigencia.

Aparecieron los culpables de la matanza del mar en calma,

a su paso todo era fuego y desdén.

Bajaron del reino rojo

cabalgando en una bestia roja

libres iban

libres saqueaban

libres y sin castigo dormían.

El pequeño hombre

que no trepaba alturas

se multiplicó,

escalando muros,

escalando lo imposible,

fusionándose con el fuego contenido en el epicentro de la tierra,

despertando la furia de los volcanes amaestrados y dormidos.

El hombre pequeño

se hizo grande

grande cómo los imperios

que arrasan

como bestias salvajes

pueblos enteros para conquistarlos.

Ese hombre apartado

Despertó cabalgando en los lomos

de los fieras a que temía,

librando la batalla más temible

en subyugada tierra.

El hombre pequeño

que grande se hizo

talando ramas de mentiras

y arboles de hipocresías

que condenaban a pueblos enteros

a su muerte prematura,

por el pecado de poseer

sus tesoros guardados en las entrañas de su vientre sagrado,

despertaron de la cura de sueño inducido.

Qué más que injusta

que la propia justicia

dormida

adiestrada

por minúsculas catervas

por parroquianos separatistas

devorando a sus anchas

todo a su paso,

sin importarle

el sufrimiento

del desposeído

del hombre con sed amarga y hambre cansada.

El hombre desechado

que eficaz se hizo

Despertó las leyes universales

de la concordia

de la ecuanimidad

y equidad secuestrada

dormidas

embrujadas

cautivas

que vegetaban en las arcas pestilentes del verdugo.

¡Andaban libres los intelectuales del jinete sin cabeza!

Anduvieron libres, pero cayeron en su trampa.

Acorralados

Capturados

Exiliados

Exhibidos

disecados

en una cabaña olvidada

reposan sus migajas.

¡Aparecieron los culpables!

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