Antes de partir

Toma esa flor y ponla en un vaso de agua.
No te pediré que la pongas en un florero
porque sé que lanzaste a la pared el que tenías.
Coloca el vaso sobre el velador junto a tu almohada
y extiende tu anhelo mirando cómo ensancha sus formas,
cómo se enciende en cada pétalo, ruborizada,
cómo le brotan aromas rotundos
que se deslizan sobre las formas que imprimes en la sábana.
No te duermas hasta que la flor no haya agotado su existencia,
Solo será esta noche, porque mañana ya no estaré ahí,
para prolongar mi último aliento en esa gracia del sol.
Un sueño capturado al deseo que se hace carne
en cada parte que te conectas con el recuerdo.
Una idea que es el reflejo de la penosa ausencia.
Tú sin mí, yo sin ti, en una flor recogida de mi sepulcro,
antes que me entierren definitivamente, uno a uno,
acumulados sobre mi cadáver, todos los granos del tiempo.

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