Grito y no respondes,
grito y no respondo
ante un espejo lleno de abandono
y distorsiones de las historias
que lo miraron y se enamoraron
de su reflejo,
de su realidad
o de la realización de su muerte;
por más que lo golpeo
no consigo llenarlo de reproches
y solo agrieto las manos
que luego deben cuidarme
y que tanto me cortan
la libertad.
No hablamos de cuchillas,
sino de apretar la mano contra el pecho
por miedo a que la vida se escape
y el corazón se llene de agua
y se ahogue o se queme
de tanta electricidad;
no hablamos de heridas,
sino de apretar los codos contra la nunca
o los brazos hasta dejarse las marcas
de los dedos intentado arrancar la piel
y escapar de lo que me han hecho
o de lo yo me he hecho,
ya no sé a quién culpar.
Me escupo a los ojos,
a mis alternas de otros años
que me miran como un castigo
o una reprimenda por haber olvidado
hacer mis tareas,
aunque la única que he olvidado
ha sido vivir.
Me decepciono al ver
que la naturaleza me ha abandonado,
que no puedo rezar a nadie
porque no creo en algo que pueda
dejarme más sola,
que ya no hay conexión
entre mi cuerpo y mi cabeza
y se castigan conmigo
como escudo.
Estoy en guerra
y ya no disfruto más allá
de los recuerdos,
del mar
y del frío,
de los acantilados
o del sol del mediodía;
estoy en guerra
y la pregunta no es “por qué”
sino “cuándo no lo he estado”,
porque la vida no me divierte
y es muy triste reconocerlo
en juventud
y admitir que quizá
nunca lo ha hecho.
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Describes muy bien el desasosiego de sentirte así! Ya lo hiciste llegar desde el título…
Un poema desde muy adentro!
Saludos, Ro.
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Muy bonito compañera.
Un saludo
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Muchas gracias,! 
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Gracias! 

Muy bueno. Se palpa la ansiedad. Saludos.
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Jajajaja gracias!
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