Llueve,
deslizanse gotas pacíficas
estallando en luces muy tenues,
el cristal empañado
ya no trasluce,
muro opaco de alegría,
manto triste sin consuelo,
deseo ardiente de vida,
suspiro a brillo dorado
en la tierra utopía.
Atoradas mis manos,
húmedas,
adheridas a un vidrio
que no las moja y
las empapa de hastío,
intruso frío.
Ícaro fuese en su carro,
ardería con indulgencia
en las llamas del gran astro,
chamuscando alas,
derritiendo cerumen emulsionante,
cera de lluvia devendría,
ahora mate,
pero caliente, ardiente…
¡no prenda tu generoso fogón
el mundo inocente
en monóxidos contaminados,
no!,
apiádese solo el sol
de corazones helados
siembre la tibieza,
rayo puro y sanador.
Checha, 18 de octubre de 2020
Uff, he leído este hermoso poema y se siente la fuerza envuelta en una dulce melancolía que traspasa. Un gusto leer tu bello poema, querida poeta.
“Llueve,
deslizanse gotas pacíficas
estallando en luces muy tenues,
el cristal empañado
ya no trasluce,
muro opaco de alegría,
manto triste sin consuelo,
deseo ardiente de vida,
suspiro a brillo dorado
en la tierra utopía.”
Ícaro fuese en su carro,
ardería con indulgencia
en las llamas del gran astro,
chamuscando alas,
derritiendo cerumen emulsionante,
cera de lluvia devendría,
ahora mate,
pero caliente, ardiente…