Amor de entrañas

Cómo no acercarme a ti
si eres bosque húmedo,
de ésos que buscan perder
a viajeros enamorados como yo.

Cómo no dejarme perder
si buscaba, sin saberlo,
las hojas verdes, el cielo nublado y
los troncos rasposos de tu ser.

Que no buscaba mares, buscaba océanos
buscaba orcas que nadaran dentro de mí,
en mis venas, recorriendo todo mi cuerpo
hasta terminar en mis ventrículos.

Que no buscaba tardes soleadas,
buscaba desiertos, crudos inviernos
que congelaran mis labios
para así necesitar de los tuyos.

Que tú no eras de esos amores
a los que estaba acostumbrado,
esos amores que solo miran
y casi no tocan.

Tú me tomaste, me estrujaste con ambas manos,
me pusiste contra la pared de mis adentros,
me miraste y esperaste taladrar mi cabeza
para así entrar y anidar en mis globos oculares.

Que yo no quería saltar con red de protección,
que buscaba caerme, estamparme contra el suelo
si el suelo significaba caer en ti,
sobre tus muslos.

Que tú, siendo desastre natural
te llamé inundación, tormenta,
terremoto e incendio.

Nos amamos, y no con el corazón
porque con el corazón
aman los que se deben el uno al otro.

Nos amamos, y no con tiempo
porque el tiempo no combinaba con nosotros.
Nos amamos en el antes, en el durante
y en el después.

En el después de ti, después de mí
y de nuevo en el después de mí
y en el después de ti.

Nos amamos con intensidad,
con las entrañas, con gritos entrecortados
que escribían en nuestra frente:
conviérteme en poema…

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