Amanecer de algodón rosado tras las ramas huesudas del desnudo árbol

Como el pellizco de un rayo así le cruzó el zarpazo
cayendo el último samurái
el suelo era una oxidadura de sangre
por allá, unos cuantos rapiñosos
hurgan entre los despojos.

Por entre un seno de las vetustas montañas se asomaba la algodonadura primaria de un tenue Sol bermejo, cúprico, en su debilidad naciente…

El campo de batalla era un erial sembrado de montículos aislados como única seña de masacre.

El viento octubrero —más frío que de costumbre— dejaba sentir el peso de toda esa desolación impávida, se podía escuchar hasta el sonido de la soledad retumbando el los tímpanos, como un vacío insano; apenas un leve aleteo en el susurro del silencio increpaba en caricia de pluma, el sordo grito de una voz muda claramente audible…

Y como si hiciera juego con todo ello, de luto, un cielo renuente se niega a desnublarse… oscuro y pesadumbroso, que retiene en cuencos de lona la lluvia que en gotillas amenaza.

Y ya, tras haber amanecido, un Sol pelúcido y rosado que apenas ponsea su presencia con una “timidadura”, se traspone cual herrumbroso follaje, en las huesudas garras del árbol solitario, haciendo de hito, entre el engristecido seno de las montañas niponas… donde el cruento abolengo y la espesa sangre de los samuráis tiñe de arcillas los campos de esta isla inhóspita.-

Chane Garcia.
@ChaneGarcia.

La imagen usada es una captura de pantalla de un dibujo animado japonés: “Blood Reign Curse of the Yoma

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Maravilloso tu escrito.

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Muy bueno!!..
Un saludo

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Una descripción lírica extraordinaria, amigo.
Excelente manera de escribir y es que lo vives con los cinco sentidos y alguno más…
Un abrazo, Chane! Me encantó!:heart_eyes::hugs:

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