La briza hace piruetas
sobre tu ventana.
Imaginas tu reflejo pulido.
Navegas,
por las calles de Europa,
mientras un placer
desborda tu copa.
Un piso burlesco,
con hoyos abundantes,
revela el lodo
y tu desgracia.
Un calor te aturde.
Una tenaz
burocracia.
Te observan tus zapatos
delineando huellas
de tu arduo trabajo.
Tu piel crujiente
y hambrienta.
Te susurras,
¡No veas hacia abajo!
¡No veas hacia abajo!
No asumas la pena.
Tu alma
merece la luz
que te asienta.
Las calles te esperan,
sudor omnipotente
que te derrumba en pausa.
Tambores
y niños descalzos.
¿Qué sueñan?
Tiernos fantasmas.
Armense,
de nuevo,
para una causa.
Una tristeza
te acobija desnudo.
Tu pecho desplegándose
de tu cuerpo lábil.
“No caigas dentro de tu sosiego
no te encuentres
mudo”.