Abrí los ojos;
el amanecer golpeó mis pulmones
y un frío áspero me mordió el alma.
No había café,
ni abrazos
ningún buenos días sobre la mesa,
sólo un aire de odio y vacío
con la sonrisa puesta.
Miré, y a través de él,
pude ver un pájaro temblando
encima de un cable como advertencia.
