Abandono

Nada sujetaba la planicie
de mis infantiles pechos
solo aquel empujarme desde dentro
angustia hinchada como un globo
entre mi corazón y mi estómago.
Y vomité mi soledad envuelta en abandono.
Vomité sobre un papel blanco
y se corrió la tinta
se despuntó el plumín con asco
y me mandaron a confesar mis pecados
que todos eran de pena y tristeza.
Encontré la turbia voz
la pregunta insidiosa
y mi llanto de niña sola se rebeló
contra la imagen de un dios crucificado
tan abandonado como yo.

8 Me gusta