Ha pasado
un verano,
un otoño,
un invierno,
desde la tarde en que se pararon
las agujas del reloj.
Un tiempo inmóvil
en el que siempre has estado presente,
como el olvido, el silencio,
los restos de un ser solitario,
y todo lo que un día compré
antes de que algo parecido al amor
dejara de estar ente tú y yo:
legumbres, arroz, pasta,
sal, frutos secos, azúcar,
pescado en conserva,
champú, miel, avena.
Todas esas cosas que uno compra
porque duran mucho tiempo
sin estropearse.
Ahora,
un verano,
un otoño,
un invierno después,
todo va agotándose, paso a paso,
como una ceremonia de despedida.
No quiero volver a comprar
de nuevo todas esas cosas
que duran mucho tiempo sin estropearse,
porque no necesito cajones llenos
si tú no estás aquí.
Hoy, lo que ilumina esta casa,
es el reflejo de la noche atorada
en un barco vacío.
Lo siento, creo que me he perdido.
Hace tiempo que sobra la luz de los días,
quizá tarde en encontrarme
pero en eso también consiste la vida.

Imagen: Pinterest.

