A mí no me verán elogiando al terremoto o al huracán

Yo no quiero rendir tributo a una reina de mierda,
que vivió para satisfacer el ego de un imperio en agonía.
Ni a los logros de una familia que supo prenderse
del cuello de una nación tan laboriosa como ambiciosa,
y en el balance – según se lo mire - perniciosa por demás, una
que disfrutó de los placeres que proporcionó el eurocentrismo
y de la felonía de los oligarcas que gobernaron en la periferia.
Una que prolongó los estertores de una tradición anacrónica,
para mantener llena la barriga de los lores y burgueses,
y tener despierto el orgullo de sus servidores, de aquí y de allá.
Y no es que me complazca que alguien muera, no obstante,
como ha ocurrido con todo mortal, incluso con seguro de salud,
la reina de los historical dramas, algún día tenía que morir.
Aunque, debo reconcer que sí complacería a mi espíritu rebelde,
que, con su partida, la monarquía misma se extinguiera.
Pero, a donde miro veo homenajes, halago y complacencia,
y no de aquel que se hace solo por empatía o protocolo,
sino del que se hace para recibir un pedazo de la gloria
obtenida del expolio, del genocidio, la explotación y genuflexión.
Ocurre pues que, muchos de los ocupantes de este mundo,
fruto del reparto de la torta horneada por el colonialismo,
y de la mitología moderna que alimentan los streaming,
albergan en sus tibios corazones ser parte del cuento de hadas,
de ceñirse una corona o servir a un monarca, que no hay cosa
que seduzca más a los humanos que el poder real, o
el que aparenta serlo y satisface a la fantasía. Y ello,
a pesar de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la democracia.
Y es que, por una razón que no se alcanza a comprender,
los que se dicen demócratas, enaltecen a los autócratas.
Es decir, digo lo que digo, aunque por decirlo me contradigo.
El viento dice que de vez en cuando es bueno llamarse suspiro.
¡Ja!

Hoy no caben palabras de elogio para quien personifica aquello
de lo que por siglos ha querido despojarse la humanidad.
La reina ha muerto…
¡Carajo! ¿Cuándo terminarán de morir todas las monarquías?

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No digo que comparta o no tus versos, amigo Marco
Pero celebro tu valentía y la calidad poetica y narrativa de tus expresiones.
Todo hombre tiene derecho a decir lo que piensa y nada ni nadie se lo debe impedir.
Te aplaudo.
Abrazo

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Gracias por tus palabras estimado Pedro. Un Abrazo.
Y mi nombre es Carlos.

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Las gracias a ti, Carlos…(No sé de donde saque el nombre de Marcos)
fue todo un placer leerte.
Abrazos

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Te agradezco estimado poeta. Abrazos.

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