A la razón dorada

Gracioso, paternal y hechicero,
tu esposo le informa
sones a mi cancionero,
y alegre el corazón se asombra…
¡oh dulce arquero:
canta lo que el centro nombra!

Siempre divino resplandece.
La razón y justeza,
en tu hermosa forma las ofrece.
De tu talle rompe la entereza,
mas nada entristece:
mi corazón se apresa en tu belleza.

Si en el balance entre todo matrimonio,
que a íntegra pieza
corta como patrimonio,
el innumerable es quien colma grandeza;
mas hay testimonio:
¡siempre tuya es la nobleza!

Del crisol ardiente de lo bello eterno,
magnánima espada,
te has forjado para tu gobierno.
Divina proporción dorada,
¡oh, que fraterno
el que te nombra en palabra acertada!

La vía del arte la esclareces
y aunque velada,
en su núcleo calma refloreces.
Compás y escuadra en tu mirada,
sin más tropieces,
trazan la imagen deseada.

Aun el universo en su curso,
parece buscar,
de tus labios, el dulce discurso…
son las cosas que quiero trovar,
pero falta recurso:
no me niegues tu ardiente mirar.

Luces velo sentimental,
y al cambiar panorama,
miro el velo de lo racional:
extrema y media razón te llama…
¿pero es cosa fatal?:
¡ufano el corazón se inflama!

Juntas el medio y el extremo,
uno contigo,
¡oh casamiento supremo:
arde copa con el trigo,
ay, yo me quemo,
sé generosa conmigo!

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